H. Ayuntamiento de Tijuana - Ciudad - Desarrollo
Ciudad
Desarrollo Urbano
Por Antonio Padilla Corona

Antecedentes

     En este capítulo haremos una descripción general del desarrollo urbano de Tijuana desde una perspectiva histórica, abarcando el lapso comprendido entre los años 1950 y 1984, diferenciando entre lo que había sido desarrollo urbano espontáneo y desarrollo urbano planificado, dando énfasis a los ordenamientos gubernamentales y disposiciones jurídicas que lo han normado.
     Como antecedentes para entrar en materia, debemos considerar que el fundo legal de la ciudad se creó por decreto del 26 de abril de 1940, firmado por el Presidente Lázaro Cárdenas, destinando una porción de 836 hectáreas del rancho de Tijuana para permitir el crecimiento de la población y dotarla de servicios públicos.
     La población estaba asentada básicamente sobre la meseta en donde en la actualidad se encuentra la denominada Zona Central de la ciudad. Los cerros que rodean al poblado en su parte oeste, suroeste y sur, se encontraban escasamente habitados.

     Las zonas y colonias que había en la ciudad a fines de los cuarenta eran: la Zona Central, la Zona Este y las colonias Castillo, Alemán, Altamira, Independencia, originalmente llamada Calles, Marrón, Revolución, América, Cacho-Escobedo, en la actualidad denominada Madero, Libertad, Cuauhtémoc y la Zona Norte.

     Como se sabe, esta última es una superficie comprendida entre la calle Primera y la Línea Internacional, en la parte poniente en donde cruza el río el límite fronterizo. Anteriormente esta zona se usaba para cultivo de hortalizas aprovechando la excelente fertilidad de su suelo, cambiando el uso agrícola, al de zona habitacional cuando el presidente Manuel Ávila Camacho en 1946 dictó las medidas necesarias para distribuir en lotes urbanos las superficies comprendidas en el fundo legal que no estuvieran lotificadas. Como consecuencia de ello, se prolongó desde la calle Primera hasta la Línea Divisoria Internacional, el trazo de las calles de la Zona Central que corren de sur a norte.

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Plano de Tijuana a principios de los años cincuentas.

     Al oriente de la ciudad estaba deshabitada la zona del Río, con una superficie de aproximadamente
160 hectáreas de la cual una buena parte eran terrenos federales.


Década 1950-1960

     En la década de los cincuenta se advierte en Tijuana el inicio de los problemas urbanos que se agravarán en el futuro, con el crecimiento desmedido de sus colonias y fraccionamientos. Ello fue causado principalmente por las fuertes corrientes migratorias provenientes del interior del país y provocadas por la oferta de empleo que existía en el estado de California, Estados Unidos. A esas corrientes hay que agregar la de los trabajadores que regresaban de Estados Unidos o eran deportados por carecer de documentos, originándose así una gran demanda habitacional.
     El Censo General de Población correspondiente al año de 1950 nos indica que Tijuana contaba con 59,952 habitantes, es decir, casi cuatro veces más que la cantidad que tenía en el año de 1940. En el contexto del Territorio Norte de la Baja California, esa cantidad representaba el 26% del total de habitantes.

Vialidades

     Las principales vías de circulación en la ciudad eran la avenida Revolución en la Zona Central continuada por el bulevar Agua Caliente. Otra era la que conectaba la puerta internacional fronteriza con el centro de la población, cruzando el río Tijuana por el Puente México y que era muy utilizada por el turismo americano. Esta misma vialidad comunicaba a la colonia Libertad con el resto de la población.
Existían otras vías secundarias localizadas sobre el cauce seco del río muy utilizadas por los visitantes los fines de semana pero que se volvían intransitables en épocas de lluvias.

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Zona de la Mesa

     Esa área en el siglo pasado fue aprovechada para el pastoreo del ganado perteneciente a las familias Argüello y Bandini. Posteriormente se inició el cultivo de cereales, hortalizas, vides y frutales, con escasos resultados debido a la irregularidad de las lluvias. Por tal motivo se emprendió en marzo de 1928 la construcción de la Presa Rodríguez. Terminada ésta en 1936, por el Presidente Lázaro Cárdenas, se repartieron las tierras en forma de parcelas, éstas fueron 219, distribuidas a igual número de familias, con las cuales se empezó a poblar La Mesa.
     Una prolongada sequía en los inicios de la década de los cincuentas, obligó a los poseedores de las parcelas a dejar de cultivar, optando por venderlas en forma de fraccionamientos independientes.
Esto trajo corno consecuencia que entre un fraccionamiento y otro no hubiera continuidad de calles ni manzanas. Cada fraccionamiento estaba aislado de los demás y su única conexión con el resto de la población era a través de la carretera Tijuana-Mexicali, en el tramo que actualmente corresponde al bulevar Díaz Ordaz. Así, la ciudad inició su crecimiento hacia el oriente, en sentido longitudinal a la referida carretera.
     Los primeros fraccionamientos autorizados por el gobierno del estado en esta zona, a partir de 1955, fueron: el “Alcalá”, al señor Aureliano Alcalá; el “Prado“, a Agustín Silveyra; el “Alicia Carrillo“, a Alicia Carrillo; el “Dimestein“, a Ricardo G. Peñalva; el ”Juárez”, a José Luis Juárez; el “López”, a Miguel López; el “Leos Montoya”, a Manuel Leos Montoya; y el “Reynoso”, a Sotero Reynoso.

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El hipódromo y a la izquierda el inicio de la zona de la Mesa. 1950

     A fines de esta década, también se formaron los siguientes fraccionamientos: “Jardines de San Carlos”, de Carlos López; la colonia “Baja California“, de Rosalío Vargas Guillén; “Lomas Conjunto Residencial”, del Banco Internacional Inmobiliario: el “Ceceña”, de José Ceceña Sotomayor; el “Villa”, de Antonio Blanco S. y Eduardo Yagüez Jarquez; el ”Jalisco”, de Porfirio Medina; los “Pinos de Agüero”, de Encarnación Agüero González; el “Luna Park”, de Juan Rodríguez Íñiguez; las “Huertas, primera sección”, de Antonio González Leyva; las “Huertas, tercera sección” de Felipe Zárate Zúñiga; el “García”, de Francisca Valdera de García; el “Saldaña”, de José Saldaña Arteaga; las “Lilas”, de Jesús E. Meza Murillo y Jesús Meza Jr.; el “Moreno, primera sección”, de Juan Manuel Moreno y finalmente el ”Santa Fe“, de Hilarión Martínez.

Asentamientos en la zona del Río Tijuana

     Simultáneamente a ese crecimiento de la zona de La Mesa -que fue autorizado por la Secretaría de Agricultura y Fomento y el gobierno de la entidad- se asentaron en forma irregular en el lecho del río Tijuana, cientos de personas que levantaron sus viviendas sin autorización ni control alguno, exponiéndose a un desastre en el caso de aumento de los volúmenes de agua del río.
     Al respecto el ingeniero Rubén Amaya González, residente del Gobierno del Estado en 1955, comenta este problema.

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Lecho del Río Tijuana. 1954

    En 1924 se constituyó en esta ciudad la Agencia General de Agricultura y Fomento, concediéndose permisos anuales de ocupación del suelo con uso exclusivamente agrícola.
    En el lapso comprendido entre 1924 y 1945, eran pocas las casas que se asentaron en esta zona sin provocar problema, alguno. No fue hasta después de terminar el Puente México, cuando hubo un asentamiento fuerte, precisamente adyacente al Puente con gente que supuestamente intervino en su construcción, constituyéndose la colonia que se denominó México. Se instaló energía eléctrica e incluso hubo intento de nomenclatura de calles.
    El primer intento de desalojar dicha ocupación se dio en 1947, cuando un servidor, siendo ingeniero de la ciudad, planteó al entonces delegado de gobierno, Salvador Sierra Vera el problema del paracaidismo en el río y la urgente necesidad de desplazar hacia otras áreas de la ciudad las casas ya construidas. Dicho funcionario apoyó y aprobó con toda firmeza el proyecto, trasladándose así 300 casas existentes, a la parte alta de la colonia Libertad. Para evitar la reinstalación de casas en la misma zona, se construyeron los campos deportivos “México” y “Camarena”.
    Para 1954 de nuevo se habían asentado en forma irregular aproximadamente 1,500 personas. El gobierno de Braulio Maldonado ordenó se buscara un sitio donde alojar a estos residentes, para ello se elaboró un censo que resultó ser de gran utilidad, puesto que quedaron la mayor parte de las casas del río debidamente inventariadas.
    Después de varios meses en la búsqueda de un terreno con las características que se requerían para el caso, se encontró el que ahora ocupa la colonia del Río. Dicho terreno fue donado por el entonces propietario señor Tomás Aquino, iniciándose el traslado de casas el 19 de febrero de 1955 y terminándose el 30 de junio del mismo año.

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Bajos del puente México. 1949


(*) Fuente: Historia de Tijuana, edición conmemorativa del centenario de su fundación, capítulo XXII, Tomo I, Universidad Autónoma de Baja California, Centro de Investigaciones Históricas UNAM UABC, Tijuana, Baja California, 1989.

Planeación

     El crecimiento incontrolado de asentamientos humanos había sido motivo de preocupación para el gobierno en múltiples ocasiones, lo cual se acentuó al transformarse el Territorio Norte en Estado de Baja California.
     En ese tiempo no se contaba con instrumentos jurídicos que permitiesen preveer las necesidades originadas por los aumentos de habitantes en la región. En tal virtud, el gobierno de la entidad expidió la Ley de Planeación Urbanística del Estado de Baja California, que tenía como fin "crear, organizar, evolucionar técnica y estéticamente la estructura material de las poblaciones del estado". Estuvo a cargo de un Consejo Estatal de Urbanización, auxiliado por consejos municipales.
     Uno de los productos inmediatos de esta ley, fue la determinación del nuevo límite de la ciudad, decretado por el gobernador Braulio Maldonado, en 1957. Así el fundo legal abarcó una superficie de 9.476 hectáreas, 53 áreas, 87 centiáreas, que se consideraban suficientes para dar cabida a una población futura de 400,000 a 500,000 habitantes.

Desarrollo urbano hacia el poniente

     La zona poniente, localizada frente al Océano Pacífico, recibió un fuerte impulso en esta década, tanto de compañías fraccionadoras como del gobierno del estado.
     En el año de 1957 se autorizó oficialmente el fraccionamiento “Soler“, propiedad de Jorge D. Soler y el fraccionamiento “Costa Azul” a Alfonso Camacho León y licenciado Alejo Orvaños Haran. En 1959 la Compañía Urbanizadora de Tijuana S.A., adquirió éste llamándolo “Playas de Tijuana”.

     A principios del año 1960 el mayor Salvador López Hurtado contrató a la compañía constructora de Raymundo Múzquiz, para la construcción de la plaza de toros “Monumental” fomentando aun más el desarrollo de esta zona
     En el mismo año, el gobierno inició la regularización del trazo del camino que comunicaba el centro de la ciudad con Playas de Tijuana, continuándolo como prolongación de la calle Segunda. Con esta comunicación se beneficiaron también por el orden de 15,000 habitantes que residían en las colonias “Linda Vista”, “Alemán”, “Castillo” y “Soler“.

Playas de Tijuana. 1959

     Si hacemos un recuento de las colonias y fraccionamientos que se formaron en la década de los cincuenta, basándonos en el plano anexo, encontramos los siguientes: Al poniente, a partir de la línea internacional y desplazándonos hacia el sur tenemos las colonias:”Castillo”, ”Alemán”, “Soler“, “Herrera”, “Santa Rosa”, “Chula Vista”, “Roma”, “Primer Ayuntamiento”, “Azcona”, “Ruiz Valencia“, que posteriormente cambió su nombre a colonia “Los Altos”, “Gran Tenochtitlan” y “Miramar”; hacia la costa, “Playas de Tijuana” y “Costa Azul”; hacia el suroeste las colonias “Guerrero”, “Francisco Villa”, “Hidalgo” y “México”: hacia el sur se encuentra la colonia “Valle del Rubí”, hacia el suroriente y siguiendo la ruta del bulevar Agua Caliente aparecen la “Gibilondo”, “Neidhart”, ”Calette“, “Cubillas”, “Aviación”, “Chapultepec” y hacia el rumbo de la Mesa de Tijuana la “20 de Noviembre“; al oriente y a un lado del cruce fronterizo, tenemos la colonia de los “Empleados Federales“, conocida hoy simplemente como “Federal”; hacia las lomas adyacentes a la colonia “Libertad“ aparecen “Mesa alta de la Libertad”, “Burócrata” hoy llamada “Ruiz Cortines”, “Santa Anita”, “Postal”, “Del Río”, “Buena Vista” y “Tomás Aquino”, en la Mesa de Otay. También existe ya la “Del Periodista” también conocida como “De los Redactores”, localizada al lado oeste del bordo que protegía al Centro Escolar Agua Caliente de las crecidas del río Tijuana. Rumbo a Ensenada, por la carretera libre, tenemos el fraccionamiento “Internacional”, de Juan Yat Weh; el fraccionamiento la “Joya”, de Zeferino Gómez Sánchez; y el “Panamericano” de César Leyva Gutiérrez. A los lados del hipódromo aparecen, al este: el fraccionamiento ”Paraíso” propiedad de Miguel y Jorge Bujazán; hacia el sur, la “Burócrata Hipódromo”, de Dominga Wagner Franco; y hacia el sureste el “Montebello”, de Petra Valenzuela Martínez, Estela Vázquez viuda de Cruz y Julia Irma García.

Plano del Distrito de Tijuana. con clasificación de zonas para el abastecimiento del agua. 1961

 Década 1960-1970. El problema del agua

     La mayoría de las colonias existentes carecían de los servicios públicos indispensables, particularmente el de agua. Las causas de este problema eran de diversa índole, destacando las limitaciones presupuestales de los organismos gubernamentales, la difícil ubicación topográfica de las colonias con el consecuente aumento del costo de la introducción del servicio; el régimen irregular de precipitaciones pluviales, con alternación de ciclos húmedos con otros prolongados de sequía y la falta de planeación que daba como consecuencia una exagerada extracción de agua de la Presa Abelardo L. Rodríguez, para fines domésticos y agrícolas con grandes desperdicios. Esto provocó una fuerte escasez del líquido en la ciudad, agudizándose particularmente el problema a principios de esta década.

     Por tal motivo, en 1961, el gobernador, ingeniero Eligio Esquivel Méndez, decretó de utilidad pública la planeación urbana y la construcción de obras de abastecimiento de agua potable y alcantarillado de Tijuana. El decreto establecía principalmente que para dotar a la ciudad de los servicios de agua potable y alcantarillado, se limitarían las superficies urbanas o urbanizables por un perímetro que comprendería un área a la que se llamó “Distrito Urbano de Tijuana“. Fuera de esa área no se autorizaría ninguna ampliación de la ciudad.

     Para resolver el problema del abastecimiento de agua potable y de alcantarillado del Distrito Urbano, se estudiaron diferentes soluciones, por técnicos especializados consistiendo las principales en:
a) conducción de agua del río Colorado a través de un acueducto. b) aprovechamiento y conducción del agua de La Misión y c) operación de una planta desaladora en las inmediaciones de Rosarito. Finalmente el gobierno optó, como primera etapa de la solución al problema, el aprovechamiento del agua de La Misión por medio de un acueducto hasta Tijuana.

     A gran costo, aunque con escasa planeación, debido a la rapidez con que hubo que acometer la empresa, construyó el acueducto un organismo que se llamó Junta Federal de Agua Potable y Alcantarillado del Distrito Urbano de Tijuana.

     Para costear las obras, se estableció un impuesto de cooperación para todos los predios, fincas urbanas y rústicas, que se encontraran dentro del Distrito. La Junta incluía en sus funciones, las de vigilar la construcción de obras, su operación, conservación y recaudación de los fondos correspondientes a las cuotas de servicio.

     Un año después se modificó el decreto, incluyendo los trabajos de zonificación y planificación de la ciudad y eliminando el término "Federal", en el nombre de la Junta arriba citada, misma que llevó a cabo convenios con la Secretaría de Recursos Hidráulicos, para su asistencia técnica en la planificación de las obras y su financiamiento.

     El crédito obtenido para la construcción del acueducto La Misión-Tijuana fue avalado por el gobierno del Estado, sólo que fue imposible cubrir sus amortizaciones, lo que obligó en 1966 a abrogar la legislación que creó la Junta. En este mismo año la Legislatura del Estado creó la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana, cuyo objeto principal es estudiar la planeación de los sistemas de agua potable y alcantarillado, así como ejecutar las obras de abastecimiento y distribución.
     Temporalmente con este organismo se alivió la escasez del agua potable, sin embargo y debido al continuo y acelerado crecimiento del área urbana, las soluciones se volvían obsoletas a los pocos años de establecidas.

Plan regulador

Acceso a la Puerta de México antes de la canalización del río.

     En 1962 se formó la Comisión Mixta del Desarrollo Urbano Fronterizo, integrada con representantes del Gobierno del Estado de Baja California, la Secretaría del Patrimonio Nacional, el Programa Nacional Fronterizo, el Municipio y la Junta Federal de Mejoras Materiales. Esta Comisión elaboró un "Plan Regulador para la ciudad de Tijuana", con el objeto de que sirviera de instrumento técnico para normar el futuro desarrollo urbano de ésta.

     El Plan consistía en una serie de conceptos, gráficas y planos explicativos de varios aspectos de la problemática urbana: los servicios de electrificación, transporte, pavimento, limpia, teléfono y agua potable; lo económico urbano, que contenía los valores comerciales de la propiedad, densidad de población por colonias y zonas óptimas para el desarrollo, una propuesta de casco urbano para el año 1970, o sea el crecimiento físico de la ciudad previsto en etapas: un sistema vial en el que predominaba un eje metropolitano por todo lo que es la avenida Revolución, el bulevar Agua Caliente y el bulevar Díaz Ordaz en la zona de La Mesa, hasta el poblado de La Presa, finalmente, una propuesta de zonificación con sus respectivos ejemplos para controlar las edificaciones.
     Teóricamente el Plan Regulador daba respuesta a los problemas fundamentales del desarrollo urbano, sin embargo, las previsiones del crecimiento de la población se quedaron muy cortas con respecto a las reales, como podemos observar en la gráfica anexa, en la que se hace una comparación precisamente entre las previsiones por el Plan y el crecimiento real de la población.
     Ya para 1970 había una diferencia de más de 30% y comparando la población prevista en el plan para el año 1984 con la real, tenemos una diferencia de casi 100%.
     También hay que agregar que el Plan no mencionaba la responsabilidad que tendría cada uno de los organismos involucrados ni el monto de lo que tendrían que aportar, lo que trajo como resultado que no funcionara, ya que al poco tiempo de haber sido diseñado, sus premisas fundamentales no coincidieron con la realidad.

Registro de fraccionamientos

     Simultáneamente a los intentos de planificación y previsión del desarrollo urbano, la ciudad continuaba su crecimiento natural, principalmente hacia el oriente, en la zona conocida como La Mesa, en donde se continuaba fraccionando terrenos. A continuación se citan los fraccionamientos que se autorizaron por el Gobierno del Estado en esa y en otras zonas de la ciudad, en la década de las sesentas:
     En la zona de La Mesa se autorizó en 1961 a Nicolás Jara Pérez el fraccionamiento “Angélica“ y a Alfredo Reynoso Márquez, el “Reynoso”.
     Al año siguiente se autorizó a Rito Rodríguez García el fraccionamiento “Sonoita”, a Elisa F. Peñasco viuda de Romero; el “Veracruz”, a Hilario Cortés Sánchez; “Los Angeles”, a Sixto Páramo Villanueva; “Las Huertas segunda sección”.
     En 1963 se autorizaron en La Mesa, cinco fraccionamientos que fueron: el “Santa Cruz”, al señor Cruz Torres; El “Moreno” a Santiago Moreno; El ”Magaña” a Emilio Magaña Macías; El “Guillén”, a María Concepción Baltazar Quezada viuda de Guillén y finalmente el “Ramírez” a Socorro Ramírez Jasso.
     El siguiente año solo tenemos el que formó el señor Álvaro Mora Lara con el nombre de “La Mesa”. En 1965 el Gobierno del Estado autorizó en esa zona los siguientes fraccionamientos: “Los Pinos de Nares”, a José Nares Vega; el “Anáhuac” a María de la Luz R. de Rodríguez. “La Joya”, a Miguel Castro Muro; “La Esmeralda”, a Alfonso Ayala Basurto; el “Moreno segunda sección”, a Juan Manuel Moreno Mella: el “Chapultepec-California” a la fraccionadora del mismo nombre; “Las Brisas” a Lucio León Luteroth; el ”Rubio“, a Francisco Rubio Contreras; el “Santa Elena“ a Guadalupe Arévalo Calderón y finalmente el “Hermosillo”, a María de la Luz Rojo de Rodríguez y Eugenio Rodríguez Izábal.
     En 1966 solo se autorizó el trazo del fraccionamiento “Floresta” a Inmuebles y Fraccionamientos de Tijuana S.A.; en 1967 el “Fortín de las Flores”, a Rosaura Ibarra de Rodríguez; en 1968 el “Real del Monte” propiedad de UMAC. S.A. y finalmente en 1969, el “Santa Inés”, a Guadalupe Márquez de Reynoso.
     En otras áreas de la ciudad también fueron autorizados algunos fraccionamientos, los cuales enumeramos tomando en cuenta su localización, partiendo del poniente en sentido contrario a las manecillas del reloj.
     Hacia el rumbo de Playas de Tijuana: en 1965 “El Mirador” a la compañía fraccionadora de ese nombre y en 1968 “Los Laureles”, a la “Empresa Constructora de Tijuana”. Por la carretera libre a Ensenada nos encontramos en 1964 con los siguientes fraccionamientos: “La Sierra“ de Guillermina Monge de Gómez; “Monterrey” de Consuelo Cota de González; el “Aguaje de la Tuna”, de Ignacio Gómez Monge; El “Gutiérrez Ovalle” y el ”Lagunitas” de Ignacio Gómez Monge y Zeferino Gómez Sánchez.
     En las cercanías del Hipódromo y en orden cronológico tenemos en 1963 el fraccionamiento “Lomas Agua Caliente“ conocido con anterioridad como “Vista Lomas” propiedad de Inversiones de Baja California. S.A.; en 1965 “La Herradura” de Luz Consuelo Nieto de León; y “Las Palmas“, de Reymundo Múzquiz; en 1967 “Lomas Hipódromo”, de Basilio Saucedo y Carmen Morones de Saucedo; en 1969 la ”Hacienda Remosa”, de Impulsora Remosa. S.A.
     En la Mesa de Otay se autorizaron en 1964 el “Tomás Aquino” a Tomás Aquino Pérez y en 1968 el “Lomas Taurinas” al Banco de Comercio, S.A.

Panorámica de Tijuana con San Isidro al fondo.

Obras importantes

     De especial significación en el desarrollo urbano de la zona de La Mesa, fue la construcción en 1967, de la calzada Presidente Díaz Ordaz, conocida actualmente como bulevar Díaz Ordaz. Dicha obra se inició desde la escuela “20 de Noviembre”, hasta la curva frente a la negociación conocida como “Luna Park”. Comprendió cinco kilómetros de longitud, con ocho carriles de circulación de 3.3 metros de ancho cada uno, y un camellón central para jardinería y alumbrado público, dando una anchura total de 40 metros.
     En 1969 se declaró de utilidad pública el mejoramiento de la avenida Revolución, en el tramo comprendido entre la calle Primera y el bulevar Agua Caliente a la altura del punto conocido como “La Vuelta”. Dicho tramo es de 1630 metros, mismos que fueron reencarpetados.

Década 1970-1980

     La mancha urbana en los inicios de esta década ocupaba una superficie aproximada de 6,500 hectáreas, asentada principalmente sobre una topografía muy accidentada, siendo el principal eje de desarrollo la avenida Revolución-bulevar Agua Caliente, que hacia el sur-oriente se convierte en la carretera federal a Mexicali.

     El desarrollo fue poco homogéneo, tanto en densidad demográfica como en lo correspondiente a edificación, pues mientras que en el centro de la ciudad la superficie se saturaba irracionalmente, en las colonias populares el desarrollo fue muy disperso, ya que se ocuparon grandes extensiones, rebasando límites naturales o asentándose en cauces de arroyos y en laderas, en algunos casos con pendientes de más del 40%.

     Las posibilidades de crecimiento físico eran escasas, sobre todo por los altos costos que representa urbanizar terrenos de topografía accidentada, estando las zonas más factibles de desarrollo urbano hacia el este y sureste de la ciudad, por tener una topografía menos accidentada. Hacia el este estaba por desarrollarse una gran zona de terrenos planos llamada ‘‘Mesa de Otay”, en donde se ubicaron las instalaciones del Aeropuerto, de la Universidad Autónoma de Baja California, del Instituto Tecnológico, del fideicomiso Sánchez Taboada y de la Nueva Ciudad Industrial.

     Aproximadamente el 50% de la vialidad estaba pavimentada y el resto trazado sobre una topografía accidentada de grandes pendientes y difícil comunicación, en muchos casos de uso exclusivamente peatonal.

Urbanización del Río Tijuana

     En la década de los setentas se inicio en pleno corazón de Tijuana la obra urbanística de mayor importancia a nivel nacional, tanto por el monto de la inversión, como por la rapidez con que se efectuó. Esta consistió en la urbanización de 400 hectáreas que ya desde 1960, por decreto presidencial, habían sido adjudicadas a la Junta Federal da Mejoras Materiales de la Secretaría del Patrimonio Nacional.
     Cabe recordar que después de los desalojos de 1955, la zona fue nuevamente invadida con viviendas precarias de cartón y lámina, que formaron la tristemente célebre “Cartolandia”, en la que además de las deprimentes casuchas, había todo aquello que se presenta en ese tipo de hacinamientos: promiscuidad, delincuencia, impunidad, vicio, mezclado con pequeñas manufacturas artesanales, viviendas de familias, etcétera.

Vista de "Cartolandia". 1970

     La obra se planeó en tres etapas: la primera comprendió, una superficie de 160 hectáreas, en un tramo de 4,500 metros, partiendo de la Línea Internacional hasta el puente del ferrocarril próximo al Centro Escolar Agua Caliente, la segunda, desde dicho puente hasta la confluencia del río Tijuana con el arroyo del Alamar y la tercera, desde este punto, hasta la cortina de la Presa Rodríguez.

     El 18 de julio de 1972, la Secretaría del Patrimonio Nacional inició oficialmente la obra de canalización del río, que consistió en la construcción de un canal de 70 metros de plantilla, 7 metros de altura y bordos en suave declive, capaces de desfogar el máximo caudal de agua precipitada, en caso de sobrevenir excesivas descargas de la Presa Rodríguez en territorio mexicano y de las presas Morena y Barret del lado estadounidense.

     Simultáneamente se procedió al desalojo y limpieza de “Cartolandia“ construyéndose el “Centro Urbano 70-76”, para dar cabida a las 633 familias desalojadas. Asimismo se reacomodaron otras 950 familias, en una superficie de 220 hectáreas, formando para ello la colonia “Reacomodo Sánchez Taboada”.
     Paralelamente a la construcción del canal se rescataron los terrenos del lecho del río que abarcan una extensa superficie en la que se trazaron amplias avenidas de concreto y se asignaron grandes espacios en los que se han levantado importantes edificios, destinados tanto a la administración pública, como a la cultura, el comercio, la vivienda, etcétera.

Etapa inicial de la urbanización de la zona del río Tijuana. 1974

Inicios de la urbanización de la costa

     Tomando en cuenta el atractivo turístico de la costa del municipio, se sentaron las bases para su desenvolvimiento, promulgándose al efecto en abril de 1973, el Reglamento de Ordenación para los desarrollos turísticos en el Estado de Baja California. Ello, combinado con la legislación federal sobre fideicomisos, propició el surgimiento de importantes fraccionamientos turísticos, como “San Antonio del Mar” y “Las Gaviotas”.

Disposiciones legales para regular el crecimiento urbano

     En la década de los sesentas se promulgaron una serie de ordenamientos legales, con el propósito de controlar y orientar el crecimiento de la ciudad sobre bases racionales, que superaran la anarquía con que ha venido creciendo a consecuencias de la explosión demográfica. Tales ordenamientos fueron la Ley del Plan Regulador de Tijuana, que entró en vigor en 1975 y la Ley de Desarrollo Urbano, elaborada ese mismo año. Estas medidas estuvieron en consonancia con las pautas generales que en esas materias señaló a nivel nacional el gobierno federal, a través de la Ley General de Asentamientos Humanos, decretada en 1976 y el Plan Nacional de Desarrollo Urbano, aprobado por la Presidencia de la República en 1977. Con ello se coordinaron acciones en los niveles federal, estatal y municipal, que han hecho posible un grado considerable de planificación urbana en Baja California en general y en Tijuana en particular.

     El referido Plan Estatal de Desarrollo Urbano establece las estrategias de redistribución de la población y viene a ser el marco para la planeación regional, así como el instrumento de ordenación y regulación obligatoria para los asentamientos humanos. Divide a la entidad en once regiones naturales y Tijuana queda comprendida en la franja mediterránea (región 6) y en la plataforma continental ( región 11 ).
     Se previó en el Plan una población en la ciudad de Tijuana de 581,200 habitantes para 1978, que representaban el 43.3% de la población estatal; le seguía Mexicali con el 26.9%, Ensenada con el 8.7%, Tecate con el 1.9% y diversos núcleos de población dispersos, en conjunto el 19.2%. Por otra parte se estimó que para el año 2000 Tijuana tendrá una población de 2'467,300 habitantes que será el 55.8% de la población estatal; le seguirán Mexicali con el 16.9%, Ensenada con el 11.3% y Tecate con el 3.4% y diversos núcleos de población, en conjunto, el 12.6%.
     Tomando en consideración lo anterior, recomienda el Plan establecer las medidas necesarias para reducir la tendencia al aumento de población en Tijuana, señalando como recomendable 1'100,000 habitantes para el año 2000, o sea la mitad de lo que se considera que tendrá, si continúa con el mismo ritmo de incremento.

Vista parcial de la ciudad. 1975

     Para lograr eso, se recomienda estimular el aumento de población en Mexicali y disminuir el de Ensenada y Tecate, a fin de lograr mayor equilibrio en la distribución de la población en el espacio disponible. ¿Cómo se logrará ese giro? El Plan propone en primer lugar orientar la inversión federal y estatal a localidades cercanas a esos centros urbanos, tomando en cuenta una red de vialidades que se sugiere para comunicar entre sí el sistema de ciudades y, en segundo lugar, apoyar el desarrollo de actividades productivas de elevada utilización de mano de obra, en las localidades del interior del estado, para así reducir la saturación de habitantes en la línea fronteriza.

     Cabe señalar, en lo que se refiere a Tijuana expresamente, que tanto los planes y programas a nivel nacional como estatal recomiendan la disminución del ritmo de crecimiento, aunque se reconoce que ello es difícil lograrlo -sobre todo a corto plazo- porque los factores que influyen en ese proceso en gran medida son externos, pues se originan tanto en el resto del país como en Estados Unidos. Por otra parte se propone elaborar un plan de desarrollo del corredor turístico Tijuana-Ensenada y otro de ordenamiento urbano de la conurbación Tijuana-San Diego. Es importante destacar este último, porque es la primera vez que oficialmente se establece la necesidad de tomar en cuenta, en la planeación de Tijuana el área de San Diego, del vecino estado de California, atendiendo a que las dos ciudades están ubicadas en una misma región ecológica, separada sólo por una línea fronteriza establecida por circunstancias político- administrativas.

Panorámica de Tijuana a fines de los setentas.

Registro de fraccionamientos

Zona de la Mesa

     En 1970 se autorizaron los fraccionamientos ”Orizaba”, a Emma Anchondo de Bustamante y el “Cortez”, a Hilario Cortez Sánchez; el siguiente año se autorizó el “Chapultepec Alamar”, a la fraccionadora del mismo nombre; “Los Alamos”, a Agustín Palacios Ríos y Hermelinda Amézquita viuda de Cubillas; el “Azteca”, a Pedro Genaro King y el “Jardines de La Mesa“, a María Asunción García; en 1972, sólo se autorizó el “Terrazas del Valle”, a Salvador Fuentes Ducoing; en 1973 “Las Fuentes”, a la Inmobilaria Peninsular. S.A.; en 1974 el “Valle de Las Flores” y las “Arboledas de La Mesa”, a Ramón Salcido Camacho; en 1975 el “Jardines de la Arboleda”, al mismo Salcido; el siguiente año autorizaron: “El Mirador de La Mesa”, “San Carlos” y “Las Vegas”, a Carlos Villalvazo; “El Porvenir”, a Salvador Gallegos Covarrubias y María de Jesús Gil Figueroa de Gallegos; el “Anexo Veracruz”, a Julio Romero Peñasco y el “Balcón de las Huertas”, a Pedro Páramo Salcedo; en 1977 el “Kino”, a Mariterra. S.A.; el “Cerro Colorado”, a José Ruben Pérez Montañez; “Los Venados”, a María Esther Nuño de Yagüez; “El Lago”, a Inmobiliaria Lomas, S.A.; el “Santa Rosa” a Graciela Petanick Maytorena viuda de Ricardi; la “Herradura Sur”, a Francisco Díaz Meza; “Los Saucillos“, a Fraccionadora e Inmobiliaria Insurgentes S.A.; el panteón “Jardines de Santa Gema“, a Ricardo Luviano Gutiérrez; en 1978 el ”Yamille“, a David Hadas Cuesta y para finalizar la década, en 1979, La ”Parcela 74” a Norma del Carmen Castillejos de Sánchez y el “Floresta segunda sección“, a Inmuebles y Fraccionadora de Tijuana, S.A.

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Plano que muestra las colonias existentes en 1977.

Fraccionamientos en otras zonas

     Examinando el plano anexo correspondiente a la década de los setentas observamos la formación de los siguientes fraccionamientos: hacia el oeste del centro de la ciudad, rumbo a Playas de Tijuana; “Vista del Pacífico” y “Lomas del Mirador” autorizados en el año de 1975 a Genaro Gavaldón Guajardo; en 1977 “Lomas” del Porvenir” al INFONAVIT”; hacia el sur, en 1970; el “Salvatierra“, a Marcelino Briseño Meza y Luis Méndez León; en 1971 ”Jardines del Rubí”, a Fernando J. Rodriguez Sullivan; en 1972 la regularización de la colonia ”Obrera 1o. de Mayo”, localizada en el antiguo rancho “El Rubí”, autorizada a Federico Martinez Núñez y Javier Farías Arce; en 1979 el fraccionamiento “Monte de San Antonio”, a Refugio Osuna Valdez de Herrera; en la parte posterior del fraccionamiento “Chapultepec”, aparecen en 1972 el “Cataviña”, a José Tulio López Lira y en 1976 el “Rincón Colonial”, a Fraccionadora y Constructora Saucedo, S.A.; en las cercanías del Hipódromo y rumbo a las lomas localizadas al sur del mismo, en 1971 “Los Olivos”, al Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos; en 1972 el “Villa Colonial”, a Gustavo Álvarez Becerra; en 1974, el “Del Bosque”, a Martha Hernández Arce viuda de Bejarano; en 1975 el “Villa Lomas”, a Carlos Villalvazo Puente; el “Santa Anita”, a la Sociedad Urbanizadora y constructora Alta y en 1977 el “Colinas de Agua Caliente”, al Banco Nacional de México.
     En la Mesa de Otay, en 1976 se formaron los fraccionamientos “Constituyentes” y “Ciudad Industrial”, autorizados a Promotora del Desarrollo Urbano, S.A. ( PRODUTSA) ; en 1978 el “Otay Jardín”, a Rubén Corral Rascón y Jorge Alfonso Best Moreno; el siguiente año el “Nuevo Tijuana” y el “Indeco-Universidad”, al Instituto de Vivienda del Estado.
     En la parte alta de la colonia Libertad se formaron en 1976, el “Mesa Alta”, autorizado a Carlos Villalvazo Puente; en 1977 “Las Californias”, Inmbuebles y fraccionamientos de Tijuana, S.A. y en 1979 el ”Ivan Ilko”, a Iván Ilkovicks.
     Finalmente, como resultado de la canalización del río Tijuana, se autorizó en 1975 el fraccionamiento “Zona Río Tijuana”, en su primera sección, a PRODUTSA.

Los últimos años

     De 1980 a nuestros días, se ha continuado la pauta general de orientar el crecimiento de la ciudad por medio de acciones de planeación urbana dirigidas por la autoridad, tanto en su instancia estatal como municipal. Es así como a fines de 1980 el ejecutivo del estado aprobó el Plan Municipal de Desarrollo Urbano de Tijuana, que tiene como principales propósitos racionalizar la distribución territorial de la población y de las actividades económicas que se desarrollan en el municipio; mejorar y preservar el medio ambiente, integrar más adecuadamente las rutas de transporte y comunicación interurbanas; evitar asentamientos urbanos en predios agropecuarios y generar alternativas para que los sectores de escasos recursos económicos tengan acceso a la adquisición de lotes urbanos. Todo ello realizado de tal manera que haya la debida coordinación entre el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Tijuana.
     Cabe destacar que dicho Plan incluyó el Sistema Vial Metropolitano, a realizarse a corto, mediano y largo plazo, para facilitar la comunicación con fraccionamientos y colonias aisladas por su ubicación en cañadas y cañones, asimismo, para acercar líneas de infraestructura a futuras zonas de desarrollo urbano.
     El sistema consiste en una serie de vialidades, primarias y secundarias, que al terminarse sumarán en longitud 220 kilómetros y está formado por los siguientes circuitos: el Circuito Periférico, cuya construcción está planeada a mediano y largo plazo, es decir para 1990 y el año 2000; un circuito intermedio ya construido, conocido en su parte poniente y sur, como Circuito Independencia o Libramiento Sur y en la parte oriental, como Libramiento Oriente; un circuito interior proyectado a corto plazo que pasa por la parte central de la mayoría de las colonias más pobladas, localizadas al surponiente de la ciudad; ejes transversales construidos actualmente en 50% y formados por el Cañón Johnson o Calafia, bulevar de los Fundadores, bulevar Cuauhtémoc Sur y Norte, bulevar de las Américas, bulevar Sánchez Taboada y el que comunica a la nueva garita internacional en la Mesa de Otay hacia el sur, hasta el cañón del Padre. Asimismo lo forman ejes longitudinales planeados de tal manera que se aprovechan vialidades ya existentes, como la avenida Revolución, bulevar Agua Caliente, bulevar Díaz Ordaz, avenida Tecnológico y bulevar Otay Nueva Tijuana. Finalmente el Sistema Vial incluye una serie de intersecciones, construidas algunas y otras en proceso de construirse, formadas por pasos a desnivel, retornos y puentes, tanto vehiculares como peatonales.

Plan de desarrollo urbano del centro de población de Tijuana

     Este plan fue aprobado a mediados de 1984 por el gobernador del estado y publicado en el Periódico Oficial en noviembre del mismo año. Es producto de intensas investigaciones y estudios, cubriendo una amplia gama de aspectos del desarrollo urbano en Tijuana.

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     Se inició su elaboración en 1980 con un equipo de técnicos en urbanismo de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas del Estado (SAHOPE), la misma secretaría a nivel federal (SAHOP) y apoyo de estudiantes de arquitectura de la Universidad Autónoma de Baja California.
     En el Plan se mencionan como propósitos principales: la orientación de los asentamientos humanos hacia mejores condiciones de vida, tomando en cuenta la situación urbana existente y su potencialidad futura; el fomento de acciones para mejorar la vivienda y jerarquizar las vialidades; la orientación del desarrollo industrial; saturación a corto plazo de áreas dentro del límite urbano actual; la determinación de las reservas urbanas y el señalamiento de las etapas de ocupación del suelo para un mínimo de 6 años.
     En el aspecto poblacional, el Plan señala como recomendable que para el año 2000 haya 1,815,000 habitantes. Como se ve, esta cifra es superior en 715,000 habitantes a la recomendada por el Plan Estatal formulado en 1979, en lo que se refleja el peso de la realidad, que a la postre viene siendo siempre superior a lo previsto.
     Cabe señalar que el Plan de Tijuana no sólo se considera como la versión actual de un plan regulador, sino que su utilización es mucho más amplia y dinámica, ya que es un instrumento técnico y jurídico, que permite tanto a las autoridades federales, estatales y municipales como al sector social y al privado, orientar sus inversiones en materia de desarrollo urbano. Así todas las acciones podrán ser orientadas por las metas propuestas para evitar lo que en repetidas ocasiones a sucedido, pues, como se sabe, se hacían cuantiosas inversiones en obras públicas, resolviendo problemas inmediatos, pero que a la larga resultaban totalmente inoperantes, al grado de requerir en algunos casos su demolición para no estorbar el desarrollo urbano. Tenemos entre otros, el ejemplo del Puente México.

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Asentamiento en zona no apta para el desarrollo urbano.

Registro de fraccionamientos

     A continuación se enumeran los fraccionamientos que se autorizaron en las distintas zonas de la ciudad en el transcurso de lo que va de la presente década: hacia el poniente; en 1980 el fraccionamiento ”Lomas del Mirador II’’, a Ignacio Gavaldón Guajardo y a las constructoras Costas del Pacífico y Los Pilares, S.A.; al siguiente año se regularizaron las colonias “Gran Tenochtitlán” y “Lázaro Cárdenas”, por Inmobiliaria del Estado de B.C. Estas colonias habían sido formadas en décadas anteriores pero carecían totalmente de servicios. En Playas de Tijuana se autorizó en 1983 la sección “Privada de Cortez”, a Urbanizadora de Playas de Tijuana. Un poco hacia el sur, en 1981, se regularizó la colonia “Divina Providencia“ y en 1983 la ”Manuel Paredes Gómez” y al año siguiente, el “Cañon Johnson Sur”.
     Al oeste y sur del Hipódromo de Agua Caliente se autorizaron en 1981 las ampliaciones “Chapultepec octava sección”, a Gregorio Ripa Vidal y copropietarios y en 1982 “Lomas de Agua Caliente, quinta sección” y “Lomas Altas”, a la compañía Inversiones de Baja California. Ese mismo año se autorizó el ‘‘Jardines de Chapultepec”, a la Promotora Omega de Tijuana, S.A.
     Hacia la zona de La Mesa, en 1980 se autorizó la regularización del fraccionamiento “Los Reyes”, a Jorge Ruiz Fitch. Al año siguiente se formaron: el “Reforma”, “Guaycura”, “Ampliación Guaycura” y “Cerro Colorado II”; en 1982 “El Lago segunda sección” y en 1983 el “Mesetas del Guaycura”, autorizados
todos a Inmobiliaria del Estado de Baja California.
     En 1981 se fraccionaron las parcelas 27 y 28 del Ejido Matamoros, propiedad de Agapito Orozco Martínez y en 1983 se autorizó el “Matamoros I”, a la Comisión Regularizadora de la Tenencia de la Tierra, (CORETT); el “Niños Héroes”, a Angel B. Fernández: “La Campiña”, a los hermanos Saenz González y “Terrazas de Agua Caliente”, a Inmuebles y Fraccionamientos de Tijuana.
     Hacia el oriente, en la Mesa de Otay y áreas circunvecinas, en 1980 se regularizó el “Centro Urbano 70-76”, formado a principios de la década de los setentas; al año siguiente, el “Otay Universidad”, autorizado a Inmobiliaria del Estado de Baja California y “Ciudad Industrial Nueva Tijuana”, a PRODUTSA. Finalmente, en 1983 se formó el fraccionamiento “Garita de Otay”, autorizado a Leandro Lozano Franco.

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Vista aérea de la ciudad con las torres de Agua Caliente al centro.

Recapitulación

     Como hemos observado en los últimos treinta años las disposiciones jurídicas relativas a planeación urbana, se han constituido en un factor importante en la orientación del crecimiento de Tijuana.
     Así tenemos que a principios de los cincuenta, las nuevas zonas habitacionales se formaron con base en el “Reglamento sobre fraccionamiento de terrenos en el territorio norte de la Baja California”, expedido en 1951. Ese fue el caso de los fraccionamientos establecidos al oriente de la ciudad, en la zona conocida como La Mesa, que en su mayoría siguieron dicho ordenamiento urbanístico.
     Simultáneamente a esa tendencia de crecimiento hacia el oriente, se inició otra de crecimiento hacia el sur, surponiente y poniente de la ciudad, sobre todo con asentamientos espontáneos, esto es, no planeados en las zonas cerriles de difícil topografía y con pendientes no aptas para el desarrollo urbano que dificultan la dotación de infraestructura y servicios básicos.

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Conjuntos habitacionales hacia el oriente de la ciudad.

     En este crecimiento desordenado, participaron personas de escasos recursos económicos, impedidas para participar en el mercado de suelo urbano autorizado oficialmente.
     En la década de los sesentas se incrementaron los asentamientos en esa zona, hasta concentrar en la actualidad una población aproximada de 200,000 habitantes, que en su mayoría carecen de los servicios públicos indispensables.
     En 1971 al entrar en vigor el “Reglamento de fraccionamiento del Estado de Baja California” -que derogó al anterior y está vigente en la actualidad- se inició el poblamiento hacia el oriente y suroriente de la ciudad en especial con los numerosos fraccionamientos en la zona de La Mesa y los nuevos desarrollos urbanos de Mesa de Otay y Río Tijuana.
     A fines de la década de los setentas y a principios de la presente, se inició el desarrollo urbano hacia las partes altas y semiplanas de los cerros, localizadas entre el Río Tijuana y el arroyo del Alamar. Esta tendencia de crecimiento hacia el oriente de la ciudad, está representada fundamentalmente por fraccionamientos autorizados por el Gobierno del Estado, que reúnen los requisitos de servicios urbanos básicos. Tales zonas están consideradas como aptas para una dotación más completa de servicios por el Plan de Desarrollo Urbano del Centro de Población de Tijuana, en virtud de ser terrenos planos y semiplanos, que por lo mismo requieren costos normales para la introducción de infraestructura.

     Por otra parte, se observa la existencia de grandes baldíos, posteriormente urbanizables, entreverados con los fraccionamientos, con fines puramente especulativos, ocasionando la dispersión de redes de agua potable, drenaje, electricidad y vialidades, con la consiguiente elevación de su costo.
     Afortunadamente poco a poco el crecimiento de la ciudad va perdiendo su carácter de espontáneo y va adecuándose a las directrices de la planeación urbana nacional, estatal y municipal, acercándose a las metas de lograr condiciones de habitación humana y decorosa para sectores cada vez más amplios, así como alcanzar el equilibrio entre la demanda y la oferta de suelo urbanizable y la conservación de reservas territoriales para las generaciones futuras.
     Las disposiciones legales y los documentos que rigen la planeación urbana tendrán que ser revisados, evaluados, modificados y actualizados periódicamente, para que conserven su carácter de instrumentos útiles, tanto para el sector público como para la comunidad en general.

Bibliografía y documentos básicos

Archivo de la Dirección de Obras Públicas Municipales de Tijuana.

Archivo de Historia Oral del Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC.

Archivo de la Oficina de Catastro de Tijuana, B. Cfa.

Archivo de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas del Estado en Tijuana.

Archivo de la Oficina de Oficialía Mayor del Municipio de Tijuana.

Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Tomo CXX. México: S.E., 1975.

Censo General de Población: 1950-1960- 1970.

CESPTT, Agua Potable y alcantarillado. Gobierno del Estado de Baja California. México: S.E. 1969.

Criterios para el Desarrollo Urbano del Fideicomiso Urbano General Rodolfo Sánchez Taboada. México: Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas. Dirección General de Centros de Población. México: S.E. 1978.

Diagnóstico de la ciudad de Tijuana, Secretaría de Asentamientos Humanos y Centros de Población. México: S.E. 1977.

Memoria del Gobierno del Estado sobre la evacuación de los residentes del Río Tijuana. Mexicali: Gobierno del Estado de Baja California, 1955.

Nuevos Asentamientos en Tijuana Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas. Dirección General de Centros de Población. México: S.E.

Plan Estatal de Desarrollo Urbano del Estado de Baja California. Mexicali Gobierno del Estado de Baja California, 1979.

Plan Municipal de Desarrollo Urbano de Tijuana. Mexicali: Gobierno del Estado de Baja California. 1980.

Plan de Desarrollo Urbano del Centro de Población de Tijuana Gobierno del Estado de Baja California, 1984.

Periódico Oficial del Territorio de la Baja California Norte: 1950-1953.

Periódico Oficial del Estado de Baja California: 1954-1984.

Tijuana, Programa Presidencial General Rodolfo Sánchez Taboada. INDECO: S.E. 1978