![]() |
||||||||
|
Historia
Sin embargo, hubo una primera etapa (1877-1896) en que el gobierno porfirista se caracterizó por buscar la pacificación, conciliación, evolución económica y estabilización en general. Es en esta etapa y en ese espíritu optimista hacia el futuro, cuando el mapa del pueblo Zaragoza se concibió y fue oportunidad para dar representación gráfica al ideal positivista que dejó en él su huella y al mismo tiempo logró reflejar, genialmente, el afán por la nueva libertad. Uno de los primeros significantes que se aprecian en el mapa es el rechazo en el punto de partida, del retorno a la tradición histórica, tipificada por el modelo hispano-colonial y formada por una cuadrícula en cuyo centro se asentaba, tanto el poder religioso como el civil; también se dejó de lado la homogeneidad indiferente y hasta cierto punto irreflexiva, representada por el modelo liberal-norteamericano, en cuya cuadrícula no aparece ninguna jerarquía visual, a excepción de una calle que la atraviesa pero sin sentido alguno.
Modelo de la ciudad norteamericana. La ciudad monetizada. En
relación con este último modelo hay que recordar que
la cuadrícula de calles y manzanas apareció en la antigüedad
con Hippodamos y el racionalismo griego; luego la utilizaron los romanos
por razones militares y por necesidad de la colonización, como
la hicieron después los españoles en América.
En Grecia, Roma y en Hispanoamérica, la cuadrícula,
hasta cierto punto monótona, se enriquecía y se llenaba
de vida con la existencia de centros cívicos dominantes: el
ágora, el foro, la plaza mayor. En el modelo norteamericano se volvió a emplear la cuadrícula,
pero por motivos exclusivamente de utilidad y de especulación
con los terrenos. Es una fórmula que da oportunidades de circunstancias
análogas a todos los predios; la comunicación se resuelve
con una vía única que se extiende indefinidamente. En
la mayoría de los casos se usó la traza perpendicular,
con aridez y monotonía, consecuencia de un espíritu
estrictamente utilitario y por lo mismo sin vida. El trazo se extiende
árido e igual, sin centro dominante. Las calles son todas iguales
para de esta manera poder cotizar igualmente. Cuando la repartición
del terreno es desigual, es porque domina la función (un río,
una montaña, una vía férrea). Cuando la repartición
es igual, es porque sólo cuenta la pura posesión indiferente
de la función. Cualquier otra solución funcional que
no hubiera sido la simple cuadrícula, habría dañado
a los intereses de los especuladores. Esta y otras “utopías” que representaron teorías urbanísticas tuvieron su expresión más elaborada en el Renacimiento europeo de los siglos XVI y XVII. Sin embargo, el hallazgo de planificar una ciudad como obra de arte de inmediata percepción visual se dio hasta tres siglos después, en el barroco tardío y el neoclasicismo. Esta concepción urbana de carácter puramente abstracto, es decir, basada en un ideal, sólo se interesó en lo que debería ser la ciudad y no lo que en realidad representaba.
Paralelograma de Owen.
La perspectiva
-herencia del Renacimiento-, fue el instrumento ideal para el trazado
y composición de las nuevas ciudades. El mejor y más
bello ejemplo fue el Paris del barón de Haussmann, a mediados
del siglo XIX en el que con sus grandes avenidas radiales, se formaron
conjuntos de sorprendente amplitud y monumentalidad. De la concepción
plana bidimensional que se tenía anteriormente de la ciudad,
se descubrió gracias a la perspectiva, la tridimensionalidad
del espacio al percibirse en su profundidad.
De la plaza Zaragoza surge el nuevo orden, la nueva libertad, de aquí parte todo lo que conforma el conjunto y es la razón de su ser. Todo está dispuesto de acuerdo al plan. Se conjugan así el afán de magnificencia propio del urbanismo neoclásico europeo y el deseo de exaltar el nuevo orden de carácter centralista, vértice de todo el sistema político mexicano imperante en esa época.
Avenida de la Opera en París.
Monumento de Zaragoza. El
mapa del pueblo Zaragoza, proyectado para localizarse en los terrenos
del rancho de Tijuana, Baja California, México, representa
un ejemplo del orden positivista mexicano idealizado en un proyecto
urbano, posiblemente único en el país, en el que tomó
forma la utopía de los inicios del porfiriato, cuando se creyó
posible liberarse de las ataduras del pasado para emprender la ruta
del dogma del progreso sin límites, pletórico de promesas
para la totalidad de los ciudadanos. Bibliografía y fuentes consultadas
Mapa de ambos Nogales (1884). Copia en el archivo del Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC. Mapa de la ciudad de Mexicali (1903). Copia en el archivo del Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC. Mapa del pueblo de Zaragoza. Copia del archivo del Centro de Investigaciones Históricas UNAM-U ABC. Martínez Zepeda. .Jorge, “Ensenada de 1882”. en Visión histórica de Ensenada. Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC, 1982. Moro. Tomás. Utopía, México: Editorial Porrúa, 1985. Muñoz Morales, Ma. de los Angeles. Tablas cronológicas de la historia de México. México: Promotora Suárez Muñoz. S.A.. 1964. Piñera
Ramírez, David (coordinador). Historia de Tljuana. Olguín Hermida, Jorge. Proyecto de la colonia Carlos Pacheco. “Semblanza de Ensenada”, en Panorama Histórico de Baja Calfornia. Tijuana: CIH UNAM-UABC, 1983. Walther Meade, Adalberto. El Distrito Norte de la Baja California. Mexicali: UABC. 1986. Wheelock. Walt. “The Sad Tales of the FCBC” en Brand Book number one. U.S.A.: The San Diego Corral of the Westerners, Ray Brandes editor, 1968. Zea, Leopoldo. El positivismo en México: Nacimiento, apogeo y decandencia. México: FCE, cuarta reimpresión, 1984. |
|
|||||||||