Historia

La presa Abelardo L. Rodríguez, modelo de ingeniería hidráulica Regresar a Historia de la Ciudad
 

Por Antonio Padilla Corona

     Una de las principales acciones gubernamentales promovidas por el general Plutarco Elías Calles como presidente de México en el período 1924-1928, fue la de apoyar proyectos de irrigación en el país, pues consideraba que en la medida en que se produjeran alimentos provenientes del cultivo del campo mexicano, nos independizáramos económicamente del extranjero, además de que con el autoabasto alimenticio se colonizarían aquellas áreas de la república hasta entonces despobladas, como acontecía principalmente en la frontera norte.

     En Baja California, dicho problema se agudizaba más porque a la despoblación mexicana se sumaba el que prácticamente las tierras del distrito estuvieran en manos de poderosas compañías extranjeras, en especial los valles de Mexicali y San Quintín.

     El general Abelardo L. Rodríguez, gobernador del distrito en esta época, consciente de esta problemática y de acuerdo con la política federal establecida, emprendió la tarea de averiguar las posibilidades de captación de corrientes de agua en las zonas con potencial agrícola, como lo fueron los valles de: Mexicali, San Quintín, San Ramón y Tijuana.

     En vista de que el erario local no pudo sufragar los fondos económicos requeridos para las obras de irrigación en los valles de San Quintín y San Ramón, el gobierno decidió dar especial atención al proyecto del valle de Tijuana, en el que se incluyó la construcción de la presa Rodríguez.

     Como antecedente de los estudios emprendidos por el general Rodríguez para aprovechar los escurrimientos pluviales de la región, es importante mencionar la propuesta que hizo el norteamericano Ruben Robert en 1912, en representación del señor A. H. Frost, vicepresidente del banco Merchants National, de San Diego, California. Robert solicitó a la Secretaría de Fomento Colonización e Industria, la concesión para aprovechar las aguas del arroyo de Tijuana para uso doméstico y de riego en beneficio de los habitantes del pueblo. Propuso construir las presas que fueran necesarias con el objetivo de retener los escurrimientos en el área delimitada al noroeste por el rancho Cerro Colorado; al sur por Cueros de Venado, y al este por el rancho Poza del Encino. Comparando estas colindancias con planos recientes, vemos que la región coincide con el actual vaso de almacenamiento de la presa Rodríguez.

     La idea de Robert era que se le permitiera vender el agua por él obtenida, sujetándose al plazo y demás requisitos que las leyes mexicanas le marcaran. A cambio, se comprometía a proporcionar el líquido, tanto para regar 5,000 hectáreas de terrenos cercanos al cauce, como para su utilización en el pueblo. Además, Robert agregaba que en caso de sequía suministraría bombas especiales para extraer el agua del lecho del arroyo, de modo que no faltara mientras fuera requerida. Desafortunadamente tal proyecto no se llevó a efecto. No sabemos las razones que impidieron su realización; probablemente tuvo que ver la incertidumbre que prevaleció en el país como consecuencia de los acontecimientos de la Revolución en esa turbulenta década. Lo que sí queda patente en la solicitud referida, es la visión de los empresarios al arriesgar gran parte de sus capitales en un proyecto un tanto utópico, tomando en consideración que la población de Tijuana en 1910, según el censo, fue de 733 habitantes y su panorama urbano, a primera vista, no era muy halagador. Tuvieron que pasar dieciséis años, en plena época de la Ley Seca en Estados Unidos, para que dicha inquietud fuera retomada por el general Rodríguez, ahora sí, materializándose en un proyecto y obra no menos ambicioso que el anterior.

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     Tijuana, en 1928 -tiempo en que oficialmente se le denominaba “ciudad Zaragoza” contaba con 8,000 habitantes, y debido, por un lado, a su cercanía con el estado de California, uno de los mas ricos y prósperos de la Unión Americana, y, por el otro, a su desafortunada desvinculación con el centro del país, día con día aumentaba su dependencia del vecino del norte, principalmente a través del turismo y sufría “las contingencias aleatorias que dicha actividad muy a menudo provocaba”.
    La base económica de Tijuana, proveniente del turismo, era considerada un tanto inconsistente a pesar de que la población pasaba por un período de auge económico, debido a la implantación de la Ley Seca en Estados Unidos desde 1920. Por tal motivo, se trató de contrarrestar en lo más posible, tanto la inconsistencia de los beneficios derramados por el turismo, como los factores naturales de escasez de lluvias en la región, con un ambicioso proyecto hidráulico, que además de comprender la construcción, en sí, de la presa Rodríguez, incluyó una serie de obras complementarias que lo convirtieron en uno de los primeros proyectos urbanos de carácter integral. En la justificación del proyecto, el gobernador Rodríguez señaló que con esta cuantiosa inversión se buscaba: lograr la estabilidad económica a través del desarrollo de la agricultura local, el aumento de población de origen mexicano, la protección contra las fuertes avenidas del río Tijuana en época de lluvias, y el abastecimiento de una fuente segura de agua potable.

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Cañón de García, visto de norte a sur antes de la construcción de la cortina de concreto.

Además, aunque esto no se dijo, también influyó el deseo de beneficiar a sus socios y amigos inversionistas norteamericanos, al proporcionarles el preciado líquido justo en el sitio donde se requería, es decir, en el lujoso y famoso casino e hipódromo de Agua Caliente. Recordemos que en 1926 el general Rodríguez compró a Alejandro Argüello una fracción del rancho de Tía Juana que incluía los manantiales de Agua Caliente. Este lugar gozaba de fama internacional como atractivo turístico desde fines del siglo pasado. El nuevo propietario, junto con sus socios capitalistas, obtuvo permiso federal para explotar el balneario y para tal fin constituyó la Compañía Mexicana de Agua Caliente el día 4 de julio de 1927.

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Esquema que muestra la falla geológica en el cañon de García.

A mediados del año siguiente se hizo realidad el casino y centro turístico, que por más de un lustro proporcionó fuertes utilidades a sus propietarios. En 1929 se agregó el hipódromo en un terreno contiguo a la propiedad del general Rodríguez. Hacemos hincapié en el hipódromo porque fue justamente en este sitio donde se suministró el agua de la presa en un principio y sólo algunos años después fue posible su conducción hasta la población de Tijuana, como originalmente se había previsto.

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Arco de concreto.

     El proyecto de la presa Abelardo L. Rodríguez, elaborado en 1927, comprendió un análisis geológico pormenorizado del valle de Tijuana y estudios socioeconómicos muy completos, en los que se incluían costos de cultivos de avena, trigo, forrajes, garbanzo, papa, etcétera; rendimientos de cosechas, precios por tonelada y utilidades por hectárea, tomando en consideración, para ello, 2,230 hectáreas fértiles que se pretendía obtener con el sistema de riego artificial propuesto. Otros elementos tomados en cuenta en el proyecto fueron los medios de transporte para movilizar el producto agrícola obtenido de la región, así como la factibilidad de llevarlo a los mercados nacionales y extranjeros para su rápida comercialización.

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Contrafuerte, arco y terreno.

     A continuación mencionaremos los aspectos más importantes de la construcción de la presa Rodríguez, que nos permitirán valorar su magnitud y trascendencia, tanto para la época en que se fabricó, como en la actualidad.

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Construcción de contrafuertes y losas de concreto.

La elección del sitio

     Ya establecida la necesidad de aprovechar los escurrimientos pluviales de la región y, por lo tanto, de la construcción de la presa para tal fin, el paso siguiente era definir su localización idónea. Para ello se consideraron múltiples factores, entre los cuales sobresalen ¿cómo captar más agua? y ¿cómo aprovechar al máximo la superficie de cultivo? Así, entre más cercana se construyera la presa a la población de Tijuana, se podrían almacenar mayor número de escurrimientos pluviales; sin embargo, se reduciría cada vez más el área de cultivo beneficiada con el riego del agua proveniente de la presa. Por tal motivo había que decidirse por un lugar que al mismo tiempo de permitir una mayor capacidad de captación de las aguas derramadas en los cerros de alrededor, hiciera posible suministrar dicha agua a un mayor número de hectáreas susceptibles de cultivo.

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Detalle de los contrafuertes. Arriba, a la derecha, las oficinas de la compañía constructora.

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Construcción de los contrafuertes, Al fondo, el vaso de almacenamiento vacío.

     Al respecto, en el año de 1927 se hicieron levantamientos topográficos en los estrechamientos que se conocen con los nombres de Cancio superior y Cancio inferior; valle de las Palmas y en el cañón de García, poco antes de su unión con el arroyo proveniente de Matanuco. En estos trabajos técnicos participaron la Secretaría de Agricultura y Fomento y la empresa norteamericana J. G. White Engineering, empleada por el gobierno del distrito norte de la Baja California, cuya dirección estaba a cargo del ingeniero Charles P. Williams. Para la construcción de la presa se eligió el estrechamiento denominado cañón de García, situado a poco menos de 20 kilómetros al sureste de Tijuana. Este sitio, además de cumplir con los requerimientos antes citados, se encuentra próximo al camino a Mexicali y, aún más importante, a la línea de ferrocarril San Diego-Arizona, subsidiaria del ferrocarril Sudpacífico.

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Detalle de las cimbras de concreto de los contrafuertes, vistos desde el norte.

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El vertedor de demasías visto desde la oficina administrativa.

(*) Fuente: Historia de Tijuana, edición conmemorativa del centenario de su fundación, capítulo IX, Tomo II, Universidad Autónoma de Baja California, Centro de Investigaciones Históricas UNAM UABC, Tijuana, Baja California, 1989.

   
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